Warcraft: Las crónicas de Izwik

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Re: Warcraft: Las crónicas de Izwik

Mensaje  Joss_Rand el Sáb Jun 04, 2011 12:15 pm

Stormfist escribió:Para el que le interese, aqui esta el articulo de WoWWiki sobre Alleria.

http://www.wowwiki.com/Alleria_Windrunner

SIp, yo lo vi hace dos semanas tras la partida y fíjate cómo dicen que Alleria está solamente desaparecida; no me extrañaría que la sacaran en el Wow en el futuro, sobre todo si hay que volver a las Tierras Exteriores (Sargeras, etc); después de todo, creo que más de un personaje que se cargaron en el WIII ha vuelto en el WoW -alguno muerto viviente, pero éso no cambia mucho las cosas-.
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Re: Warcraft: Las crónicas de Izwik

Mensaje  Txus el Jue Jun 16, 2011 7:30 pm

Capítulo 10: La muerte de Roland

Nuestros héroes apenas podían dar crédito a sus oídos. Alleria Windrunner, una de las mayores heroínas de la alianza durante la segunda guerra, aquella que había desaparecido durante la explosión de Draenor, era la elfa que acababan de rescatar.

Aún faltaban un par de horas hasta que la hechicera fuera capaz de devolverles a su hogar. De modo que comenzaron a explicarle la situación actual en Azeroth. No sabían hasta que punto estaba asimilando sus palabras, pero al menos parecía mantener su compostura mientras escuchaba pacientemente.

Alleria explicó su historia, aunque en realidad apenas tenía nada que decir. Justo antes de la explosión del planeta rojo, viendo la imposibilidad de regresar junto con el ejército de la Alianza restante, ella y su amado Turalyon intentaron atravesar otro de los portales abiertos por Ner’zhul. La explosión les alcanzó y les empujó hacia el portal dejándola inconsciente. Al despertar ya era una prisionera.

Regresaron a Orgrimmar no sin antes asegurarse de que Alleria entendía la colaboración entre la Alianza y la Horda. Una vez allí fueron a visitar a Thrall.

-Me temo que tengo otros asuntos que atender –dijo la hechicera mientras caminaban por la ciudad y entraba en un callejón-. Ha sido un placer conoceros. Eso sí, si me permitís un consejo, yo iría a visitar a vuestro amigo Roland antes de que sea demasiado tarde.

Nuestros héroes se despidieron de Shandra sin dar más importancia a sus palabras.

Se reunieron con Thrall discretamente. Hablaron con él cuando en la sala sólo quedó un chamán orco al que Thrall presentó como el mago que había encontrado para ayudarles. Lo más sorprendente no fue que alguien supiera de las intenciones del grupo ni que hubiese interpretado tan bien su papel. Tampoco que apareciese con el mapa preciso ni que les hubiese llevado tan directamente hasta la fortaleza enemiga. El mayor desasosiego llegaba al percatarse de la ayuda sin mácula que les había proporcionado. Si hubiese estorbado la misión sería comprensible. Sin embargo, había actuado como una aliada. ¿Quién era? ¿Cuáles eran sus intenciones? ¿Existía otro bando que aún desconocían? Thrall no pudo evitar recordar aquel mago que le hizo viajar hacia el Oeste y atravesar el gran océano.

Durante la conversación Alleria descubrió que se había convertido en el centro de una profecía. Se suponía que ella era la clave para deshacer el ritual demoníaco que mantenía el mundo en un eclipse permanente, lo que no sabían era cómo. Ella tampoco. Lo único que sabía era que sus hermanas Sylvanas y Vereesa se encontraban en el otro continente. La avisaron de la condición de su hermana mayor, pero aún así estaba decidida a hablar con ella después de visitar a su otra hermana.

El grupo decidió seguir el consejo de la hechicera y viajaron hasta Ironforge. Alleria viajó con ellos y recibió algo de dinero de nuestros héroes para su viaje hacia el Norte.

Una vez en la ciudad enana el grupo se dispersó. Había una extraña agitación en las gentes del lugar. No tardaron en descubrir que Roland Firebolt había sido asesinado. Había ocurrido el día anterior. Todos recordaron las crípticas palabras de la hechicera.

Tras visitar a la guardia, Korgan entró de nuevo en la sede del gremio de exploradores y realizó su propia investigación. La roca le explicó que había sido asesinado por otro enano y que había recogido la extraña esfera envuelta en una manta. El enano se dirigió hacia otra sala de estudio, introdujo la esfera en una mochila y salió del edificio. Investigó quién había reservado esta última sala y consiguió un nombre. Mark Hackan.

Mientras Korgan investigaba y se dirigía hacia la casa de Hackan, los demás escucharon gritos o vieron correr a los guardias. Se había producido otro asesinato. Un herrero había muerto a golpes de hacha mientras trabajaba.
Korgan habló con la mujer de Hackan. Los conocía del gremio así que no tuvo reparos en hablar sinceramente. Creía firmemente en la inocencia de su marido, pero ciertamente se había comportado de forma extraña desde el día anterior. Aquella mañana había salido sin despedirse en la dirección de la que ahora llegaban gritos.

Thorgrim descubrió un rastro de sangre en un callejón junto a la herrería. Salía de una ventana del primer piso de la casa situada justo detrás de la herrería. Llamó a la puerta y habló con el aprendiz. Le mostró el rastro de sangre y vio la conexión entre los dos edificios. Fue interrogado por el capitán de la guardia, el cual, al escuchar el nombre de Korgan, le dejó continuar.

El grupo se reunió de nuevo en el callejón, Thorgrim llamó a su grifo y comenzaron la persecución. Siguieron el rastro de sangre hasta que éste desapareció, pero ya se encontraban dentro de una cueva con un único camino. Descendieron hasta ver al enano. Se había sentado en una piedra para echar un vistazo al oráculo.

Lamentablemente, él les escuchó primero y para cuando le vieron ya estaba reanudando la huida.

La persecución fue larga y Hackan usó un par de trucos para retrasarles. Con su hacha cortó unas telarañas para azuzar a sus dueñas contra los perseguidores y con la dinamita intentó taponar el pasillo por el que entró*. Las arañas apenas les inquietaron y Korgan podía mover la piedra a voluntad, así que nada les detuvo.
Escucharon más explosiones delante. Esta vez parecía que se estaba abriendo camino, más que cerrarlo.
Finalmente le encontraron en un túnel sin salida. Maldiciendo su mala suerte.

-¡Oráculo mentiroso! ¡Me dijo que así escaparía de vosotros!

El enano se rindió y a punto estuvo de entregar la esfera. Entonces escucharon los pasos.

El suelo temblaba con cada pisada. El fuego iluminaba el pasillo por el que habían entrado. Hackan huyó gritando sin que ninguno de nuestros héroes le detuviera.

Korgan taponó la entrada para darles más tiempo. Conocía demasiado bien las historias sobre la llama y la sombra. Abrió con su martillo destructor una salida por la que escapar. Todos entraron en ella mientras era construida. Todos salvo Thorgrim y Blackwind.

Algo golpeó la roca. Una vez. Dos veces. Tres veces.

Un silencio ominoso congeló a nuestros héroes. Sabían que era la calma antes de la tormenta.

El bálor se teletransportó al otro lado del muro y la batalla comenzó. Thorgrim y su grifo se abalanzaron contra el demonio. Nitori y Shaula decidieron apoyarla a distancia. El bálor intentó someter al enano física y mentalmente. La resistencia del enano exasperó al demonio, cuya obstinación acabó costándole la vida. Pero la furia del bálor les alcanzó incluso después de muerto. La explosión de su cuerpo habría acabado con varios de nuestros héroes de no ser por el pasillo lateral que Korgan había abierto.

Regresaron por donde habían venido. Pronto encontraron lo poco que quedaba del cuerpo de Hackan. El único testigo de todo lo sucedido estaba muerto, por lo que los motivos de las dos muertes siguieron siendo un misterio. Sólo sabían que de alguna forma estaban relacionadas con el oráculo.

Recuperaron el oráculo de Norgannon y decidieron buscar la guarida del bálor, donde encontraron un suculento tesoro.



*Llevaba el equipo básico de exploración de profundidades.
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Re: Warcraft: Las crónicas de Izwik

Mensaje  Txus el Jue Jul 07, 2011 6:06 pm

Capítulo 11: El espejo

En la guarida del bálor nuestros héroes encontraron un tesoro como jamás habían visto. Oro, joyas y diamantes se amontonaban por doquier y no había nada que pudiera arrebatárselo ahora.

Mientras celebraban el hallazgo y se llenaban los bolsillos, hallaron algunos artículos algo más inusuales. Shaula Soldelamañana se encargó de estudiar los diferentes objetos para comprobar si eran mágicos. Había dos armaduras de tamaño enano, una hecha de oro macizo y otra imbuida con magia. También encontraron un anillo mágico (que la elfa describió como un anillo de resistencia a la electricidad) y una serie de espejos.

Fue durante la inspección de los espejos cuando desapareció.

Devin vio cómo se desvaneció dejando tras de sí sus ropas y su equipo. Dio la voz de alarma y rápidamente taparon el espejo. Necesitaban un mago y sabían dónde debían encontrarlo, debían regresar a Ironforge de inmediato y con el espejo.

Pero no fue el único descubrimiento que hicieron. Mientras investigaban el lugar el grupo descubrió un portal abierto en el suelo, entre un par de montículos de oro. Tenía el diámetro de un humano. Era el portal más pequeño que jamás habían visto. ¿Había sido creado recientemente? De nuevo necesitaban el asesoramiento de un mago.

El grupo se dividió, Korgan y Devin se adentraron en el portal mientras el resto del grupo regresaba a Ironforge con el espejo y el tesoro que pudieran cargar.

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Shaula se encontraba perdida en la nada. Intentaba moverse pero no había dirección en la que ir. El tiempo y el espacio no tenían cabida allí donde estaba. En un sitio como aquel sólo se podía hacer una cosa. Nada.

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Al otro lado del portal había otra cueva. La piedra era de un tono diferente y los hongos luminiscentes tenían un color verdoso poco tranquilizador. La gruta tenía dos caminos, arriba y abajo. Decidieron descender para empezar.

No tardaron en encontrarse con el primer monstruo. El horror fúngico desplegó sus tentáculos de humus e intentó devorar a nuestros héroes. Salieron victoriosos del combate, pero no precisamente ilesos. Cuando descubrieron que no era el único de su especie que habitaba en la cueva decidieron ascender. Según ascendían encontraron más hongos y plantas asesinos, pero con no acercarse demasiado a las paredes pudieron evitarlos.

Hallaron la salida y contemplaron un paisaje con las características de un plano que ya les era demasiado familiar. Al pie de la montaña en la que se situaba la cueva observaron un campamento de la legión. No era demasiado grande y en absoluto estaba organizado. Además nadie parecía prestar especial interés en la montaña ni en la cueva. Lo más plausible era que ni siquiera supieran de la existencia del portal.

El enano y el pícaro regresaron a Ironforge y se dirigieron directamente a hablar con el capitán de la guardia. Le informaron de la muerte del asesino, la aparición del bálor y el descubrimiento del portal. El capitán decidió tomar cartas en el asunto de inmediato.

Después se dirigieron a la cueva de los magos. Sus compañeros habían entregado el espejo y esperaban a que los magos hicieran su trabajo.

Esperaron mucho tiempo.

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Tras una eternidad de aburrimiento mortal una ventana apareció ante ella. Un mago humano le preguntó por su nombre y se ofreció a sacarla de allí. Pronunció un encantamiento y Shaula se vio fuera del espacio adimensional que la recluía. Shaula le agradeció su ayuda y el mago, de espaldas y rojo como un tomate, le indicó dónde se encontraban sus ropas.

Una vez vestida agradeció la ayuda una última vez y salió de la sala.

-Ya sólo queda una cosa por hacer –escuchó a su espalda.

Y a continuación un sonido de cristales rotos.

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El grupo se alegró de ver viva a su compañera, a la cual informaron de lo ocurrido durante su ausencia. Mientras hablaban vieron entrar a un guardia en la cueva de los magos.

Durante el recuento del tesoro habían encontrado otro anillo y se lo dieron a Shaula. La elfa indicó que poseía magia, pero era incapaz de descifrar de qué tipo. Ya que se encontraban allí, decidieron pagar el servicio de identificación de los magos.

Mientras el mago hacía su trabajo escucharon al guardia informar a los magos de que el capitán de la guardia requería de su presencia.

El anillo fue identificado como un Anillo de custodiar al amigo. Aunque el mago hizo hincapié en que faltaba la otra mitad, es decir, el otro anillo. Con una terrible corazonada entregaron el otro anillo del tesoro del bálor. En efecto, era el anillo gemelo.

Al salir de nuevo a la ciudad el grupo fue conducido de nuevo hasta el capitán de la guardia. Les informó que estaba organizando una expedición para investigar los descubrimientos de nuestros héroes y les pidió que les acompañaran. Aceptaron encantados.

Tenían varias horas hasta que todo estuviera organizado, de modo que el capitán les dejó para que pudieran descansar y prepararse para el viaje.

Tras una aventura agotadora nuestros héroes se dirigieron al templo más cercano para sanar sus heridas. No fue barato, pero disfrutaron de un buen rato de paz y tranquilidad. Se lo habían ganado.

Mientras descansaban una joven draenei se presentó ante ellos.
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Re: Warcraft: Las crónicas de Izwik

Mensaje  Txus el Dom Jul 24, 2011 2:31 pm

Capítulo 12: Un portal bajo Ironforge (Parte I)

La draenei se presentó a sí misma como Monara. Había viajado desde la ciudad draenei en Kalimdor para unirse a nuestros héroes. Según les explicó, la situación de su gente se había estabilizado lo suficiente como para poder decir al fin que se habían asentado en este nuevo mundo. Agradecidos como estaban a nuestros héroes habían decidido realizar un pequeño intercambio. Del mismo modo que Earladine estaba ayudando a su gente, Monara emplearía sus conocimientos como sacerdotisa para ayudar a nuestros héroes en su misión.

Monara demostró por primera vez sus habilidades ayudando a las sanadoras de Ironforge. Supieron al instante lo útil que les iba a ser de ahora en adelante.

Cuando terminaron los preparativos, la expedición partió hacia las profundidades de la montaña. Con paso firme y sin que ninguno de los peligros que se interponían en su camino les pudiera detener llegaron a la guarida del bálor.

Allí los magos estudiaron el portal. No parecía haber sido creado por ningún conjuro. Al menos ninguno que ellos conocieran. Creían ser capaces de cerrarlo si era preciso. Conocían el ritual adecuado. Sólo necesitaban algo de tiempo.

El capitán ordenó explorar el otro lado antes de cerrarlo. La expedición atravesó el portal. Mientras cruzaban la exploradora Shaula decidió adelantarse.

No tardaron en escuchar sus gritos.

Un horror fúngico podía haber acabado con su vida, pero la rápida intervención de sus compañeros y los enanos acabaron con todos los tentáculos*.

La expedición salió de la cueva y observaron el campamento demoníaco. A Korgan y Devin les pareció un poco más poblado que la última vez, pero no mucho más. Tampoco parecían restar mucha atención a la montaña ni haber escuchado los disparos de la gnoma.

El capitán propuso un plan. Los magos volverían al portal y comenzarían el ritual. La guardia, acompañada por nuestros héroes, atacaría al campamento por sorpresa. Cuando el ritual estuviera llegando a su fin, los magos enviarían una señal y todos regresarían y el portal se cerraría tras ellos. Lo único que les pidió fue que se ocuparan de los enemigos más poderosos.

El grupo estuvo conforme con el plan y comenzaron el descenso de la colina. Se encontraron con un par de demonios en el camino. El primero cayó fulminado ante una flecha de Shaula. El segundo tuvo tiempo para empezar a correr.

En unos pocos segundos terminó clavado en la pared por cuatro flechas. Mientras un guerrero de vapor se interponía en su huida y un martillo mágico destruía parte de la montaña circundante.

Sin más contratiempos, llegaron hasta la base de la colina. Los enanos se prepararon para cargar. Hechizos diversos fueron lanzados sobre ellos. Se preparó la formación de ataque. Eligieron un punto por el que golpear primero.

Había llegado el momento.

¿Valdría la pena?

*Los únicos heridos de gravedad fueron la elfa y un enano con un extraño agujero de bala en la parte trasera de su armadura.
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Re: Warcraft: Las crónicas de Izwik

Mensaje  Txus el Mar Ago 23, 2011 7:44 pm

Capítulo 13: Un portal bajo Ironforge (Parte II)

El ataque fue realizado con la típica sutileza enana. Todos a una cargaron a grito de “Ironforge”, “morid, malditos bastardos”, “ése es mío” y perlas similares.

Nuestros héroes no se quedaron atrás (salvo la gnoma en mecha, el goblin francotirador, la elfa arquera, la sanadora draenei y el mago humano) y participaron activamente en el ataque. Korgan se fundió entre los suyos y se dirigió directamente contra un infernal. Exactamente un paso detrás de él, Devin asestaba puñaladas a los demonios desprevenidos. Desde los cielos, Thorgrim bajó a lomos de Blackwind para crear el desconcierto entre los demonios. La elfa, la gnoma y el goblin dispararon sus armas. La sanadora curó y apoyó. El mago lanzó sus
hechizos, no sin que sus compañeros sintieran un escalofrío cada vez que lo hacía.

El grupo se dispersó, pero no por ello lucharon con menos eficacia. Los demonios caían ante sus armas sin apenas lastimarles. Se enfrentaron a los más poderosos y gracias a ellos se salvó un gran número de vidas enanas.

En lo más sangriento del combate apareció una figura, claramente visible a pesar de la distancia. Sobre una colina lejana, un eredar comenzó a estudiar el combate con interés. Muchos salieron corriendo, pero el eredar simplemente se limitó a observar.

Finalmente, la señal de los magos resonó desde la montaña. Los atacantes se retiraron ordenadamente. A pesar de su falta de velocidad, su disciplina les hizo sobrevivir. El más apurado fue el enano Korgan, cuyo estado pétreo le hacía moverse ligeramente más rápido que una estatua. Finalmente fue transportado por Blackwind hasta la cueva.

Al pasar el último, los magos cerraron el portal. No dejaron ningún resquicio por el cual el portal pudiese volver a abrirse.

Nuestros héroes, junto con los enanos, regresaron a Ironforge tras una incursión exitosa. Pocos enanos fallecieron en el combate y cientos de demonios perecieron bajo sus hachas, espadas, flechas, balas y hechizos. Por supuesto, todos sabían que había sido como arrojar un guijarro a un río. Sin embargo, no estaba mal atacar al enemigo en su propio territorio, para variar.

El portal bajo Ironforge había sido cerrado y nuestros héroes terminaron su misión en la ciudad enana sin saber aún por qué aquella hechicera les había conducido allí.
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Re: Warcraft: Las crónicas de Izwik

Mensaje  Txus el Mar Sep 06, 2011 5:45 pm

Capítulo 14: Dalaran

Nuestros héroes ya no tenían más asuntos que atender en Ironforge, pero seguían sin saber qué rumbo tomar. Tras una larga deliberación decidieron viajar hacia Dalaran, ciudad de los magos, para reunir información y pedir consejo.

Antes de partir hablaron con Alleria, la cual no había podido salir de la ciudad al no haber ninguna caravana que se dirigiera al Norte. La invitaron a viajar con ellos y ella aceptó encantada.

A quien no esperaban encontrar era a Earladine. Al terminar su trabajo junto a los draenei, había decidido continuar con su cometido anterior. La pusieron al día al comenzar el viaje.

En el barco volador, mientras sobrevolaban las montañas de Khaz Modan, Earladine decidió usar el oráculo. Le preguntó cómo podían arreglarlo todo y le mostró una visión de guerra. Una gigantesca batalla en la que los demonios combatían no sólo contra la horda y la alianza, también los no-muertos luchaban contra la Legión Ardiente. Aún más extraño fue la visión de los murlocs luchando junto a ellos.

Con esta misión en mente atravesaron la gran tormenta y llegaron a Dalaran. Tras varios intentos de llamar la atención, un mago apareció en la cubierta. Los magos parecían saber de la llegada del barco y les ofrecieron el refugio de la cúpula protectora, amén de crear una más pequeña para el barco y la tripulación que no fuera a ser teletransportada a la ciudad.

El propio archimago Rhonin estaba interesado en hablar con ellos. Una vez reunidos presentaron a Alleria, que rápidamente se fundió en un abrazo con su hermana Vereesa.

Nuestros héroes buscaban información, pero casi toda la información que fluyó en la conversación provino de ellos. Los magos escucharon atentamente los descubrimientos de nuestros héroes y recibieron el oráculo para su custodia y estudio. Sobre las actividades de la Legión poco pudieron decir. Rhonin tuvo que reconocer que tampoco sabía nada sobre Sylvanas y sus intenciones.

Hablaron largo y tendido, pero la mayoría de las preguntas quedaron sin contestación por el momento. La más importante, qué papel jugaba Alleria en la predicción del oráculo, tampoco pudo ser contestada. La propia Alleria no lo sabía, ni le importaba. Su única preocupación era encontrar a su hermana dondequiera que estuviese y ni las súplicas de su hermana pequeña la hicieron cambiar de opinión.

Nuestros héroes decidieron ayudar a Alleria en su búsqueda. Sylvanas era una pieza importante en este juego de ajedrez y debían saber de qué color era.
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Re: Warcraft: Las crónicas de Izwik

Mensaje  Txus el Mar Sep 06, 2011 6:35 pm

Capítulo 15: El cementerio de dragones

Antes de partir, nuestros héroes recibieron un consejo. Había alguien que podía tener información más reciente y fiable sobre las fuerzas de la Legión y de los no-muertos. Los paladines de la Cruzada Escarlata. Decidieron visitar una de sus bases antes de arriesgarse a entrar a ciegas en Undercity. Hearthglen fue la ciudad a la que se dirigieron.

Durante el trayecto pudieron ver la devastación que los combates entre no-muertos y demonios habían provocado. Ni los animales, ni las plantas, ni siquiera el aire mismo estaba a salvo de la corrupción de esta guerra impía.

La ciudad de Hearthglen apareció entre ellos como una rosa que crece entre las malas hierbas. Allí, la Cruzada Escarlata resistía donde los demás habrían sucumbido ante la desesperación.

Hablaron cordialmente con el clérigo Issilien, líder espiritual de la Cruzada Escarlata. Por todos era conocido el odio de los cruzados por los no-muertos, de modo que ocultaron la verdadera razón por la que le preguntaban por los últimos movimientos de Sylvanas.

El relato de Issilien fue más que preocupante. Al parecer la Legión Ardiente había conquistado todo el territorio no-muerto del Norte de Azeroth, Undercity incluida. Según creían, Sylvanas había conseguido escapar y se había llevado a cuantos habían podido al continente helado.

Pero aquello no iba a alejarla de los demonios. El clérigo informó de que el primer objetivo de la Legión tras la conquista del pozo solar fue Northrend. Tras meses de guerra, había logrado su propósito. Los no-muertos volvían a estar bajo su control (los consideraba una posesión) y al marcharse había dejado a un nuevo regente.

A pesar del riesgo, nuestros héroes decidieron viajar a Northend. Su meta seguía siendo encontrar a Sylvanas y tenían que seguir la poca información que tenían.

Valgarde era la el destino lógico para cualquiera que quisiera entrar en Northrend. Allí fueron recibidos entre vítores. El general Randalvarr les puso al corriente de su desesperada situación. La guerra entre no-muertos y demonios se había llevado por delante todos los pequeños poblados y fortificaciones de la alianza en Northrend salvo Valgarde. Ahora se encontraban solos a la espera de que el bando vencedor se fijara en ellos.

Cuando le preguntaron sobre los habitantes de Northend tuvieron una idea. Se sabía de la devoción de los dragones azules por proteger el cementerio de dragones y podían ser una gran ayuda si lo veían amenazado por los nigromantes.

Tras prometer que sacarían a parte de la población de Valgarde con la Skybreaker al concluir su misión, se dirigieron al Oeste en busca de dragones.

Al llegar al cementerio, la gnoma creó unos fuegos artificiales para captar la atención de algún dragón. No tardaron en ver al primero. Se acercó de frente y les observó detenidamente. Earladine le explicó el motivo de su visita y el dragón sopesó la situación.

Sin mediar palabra, el dragón se elevó y tomó rumbo Norte. Dio un par de vueltas hasta que nuestros héroes entendieron el gesto. Siguieron al dragón.

Les condujo hacia el Norte y torció hacia el Oeste, rodeando el cementerio de dragones. Durante el recorrido sobrevolaron algunos de los antiguos asentamientos de la alianza, ahora arrasados o conquistados por seres depravados.

Volaron durante días hasta la isla de Coldarra, hogar de los dragones azules.
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Re: Warcraft: Las crónicas de Izwik

Mensaje  Txus el Mar Oct 11, 2011 1:56 pm

Capítulo 16: Coldarra

Nuestros héroes entraron en Coldarra guiados por el dragón mudo Margos. Les condujo a través del hielo que cubría la montañosa isla con total precisión y silencio.

Los solitarios dragones se encontraban extrañamente reunidos en el interior de la isla. En sus ojos pudieron ver desde curiosidad hasta suspicacia al ver pasar la extraña máquina voladora que atravesaba su hogar.

Margos les llevó directamente hasta Malygos y acto seguido se alejó. El padre de los dragones azules estaba interesado en lo que quiera que los visitantes tuvieran que decir. Era un hecho inaudito y como tal despertaba la curiosidad de los dragones.

Earladine parlamentó con el gargantuesco dragón. Éste prestó atención a la narración, mostrándose cauto en sus palabras. Les habló de la situación de la guerra en el Norte. De cómo la Legión Ardiente había aplastado la última resistencia del Azote y había recuperado su control. Antes de marcharse, Kil’Jaeden había sentado en el trono helado a un nuevo Rey Liche.

Su nombre era Izwick.

Cuando le hablaron de su intención de encontrar a Sylvanas y Alleria se presentó, el dragón confesó su desconocimiento del paradero de la Reina Banshee. Sin embargo, existía una posibilidad. Malygos agarró a Alleria y se la llevó.

Nuestros héroes esperaron pacientemente su regreso. Se entretuvieron un poco cuando una cría de dragón azul subió a la cubierta y comenzó a asustar a Nitori.

Cuando por fin regresaron, Malygos ofreció la ayuda de los dragones azules si finalmente se llevaba a cabo un ataque contra la Legión por el Pozo Solar. Ante la petición de Thorgrim de conocer la localización del resto de los vuelos, también se comprometió a hablar con ellos si era necesario.

Tras la despedida de Malygos, Alleria explicó que la había llevado a un edificio de hielo donde habían practicado un ritual con ella. Con él, le habían dado la localización de Sylvanas. Por ello se dirigieron a las Colinas Grizzlies.

Le habían dado su posición en el momento de la práctica del ritual, pero habían pasado varios días cuando llegaron allí, de modo que no la encontraron en dicho lugar. Nuestros héroes buscaron no-muertos por la zona, ya fuera por la barandilla o en el caso de Nitori en su recién creado extendelta.

Encontraron un grupo. La nave descendió al otro lado de la colina y bajaron algunos para descubrir cuál era su bando. Cuando Devin les interrogó, descubrió que eran fieles al Rey Liche. De modo que los eliminaron y siguieron buscando por la zona.

Todos sabían lo difícil que es encontrar a una general ranger escondida en plena naturaleza, pero a nuestros héroes no les faltaba voluntad.

Ni suerte.
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Re: Warcraft: Las crónicas de Izwik

Mensaje  Txus el Vie Oct 14, 2011 2:39 pm

Capítulo 17: Grizzly Hills

Tras su encuentro con los no-muertos, nuestros héroes decidieron proseguir con su búsqueda.

Shaula encontró enseguida una fortaleza que aún se mantenía en pie a lo lejos y más cerca a un nuevo grupo de no-muertos.

Esta vez fueron Thorgrim y Blackwind los que fueron a hablar con ellos. También eran fieles al Rey Liche, pero esta vez no hubo combate. Fueron lo suficientemente inteligentes como para salir corriendo.

Por su parte, Nitori siguió planeando en su extendelta. Colgando del él, llevaba un cartel que decía:

Si quieres luchar contra el Rey Liche
pega un silbido.

En unos de sus vuelos escuchó un silbido. Aterrizó en la zona y echó un vistazo. Allí no había nada salvo un furbolg. Éste le gruñó y le hizo gestos para que lo siguiera. Le llevó hasta una cueva oscura. Tras chocarse valientemente contra una pared, el furbolg regresó con una antorcha y continuaron su viaje.

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Thorgrim, al cabo de un tiempo, comenzó a preocuparse por la extraña desaparición de la gnoma, de modo que decidió salir a buscarla. Descendió hasta la zona de aterrizaje del extendelta y siguió las huellas en la nieve. Al llegar al bosque vio cómo sus huellas se mezclaban con las de un oso bípedo.

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Nitori llegó hasta el centro del refugio furbolg y habló con el chamán. Lo primero que descubrió fue que el furbolg que la acompañó hablaba perfectamente el común. Pensó que a lo mejor debería haberse ahorrado ciertos comentarios.

Supo de los pesares del pueblo furbolg en Northrend. Los no-muertos habían arrasado sus hogares y ahora se refugiaban como podían en aquella cueva. Nitori les pidió ayuda en su misión y a cambio les ofreció enseñarles su tecnología. Como ya suponía, la obligaron a realizar una demostración.

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Thorgrim llegó hasta una cueva. En su interior no podía ver nada en absoluto. Por ello decidió aferrarse a Blackwind y dejar que el grifo le transportara a través de la cueva. Cuando por fin vio algo de luz contempló a la gnoma apuntando con su rifle a un madero podrido por la humedad.

Ptuf.

La bala voló directamente hacia el suelo sin detenerse ante ningún obstáculo.

Mientras la gnoma permanecía en estado catatónico, Thorgrim se presentó y habló con los furbolgs consiguiendo la misma información. Éstos, poco impresionados por la demostración, prometieron estudiar la petición, pero el enano guardaba pocas esperanzas de que fueran a ayudarles.

Regresaron al barco volador y Thorgrim contó su experiencia mientras la gnoma se enclaustraba en el taller.

Shaula tuvo una idea. Si entraba en comunión con la naturaleza tal vez ésta podría darle la información que buscaban. La nave descendió y la dejaron tranquila mientras realizaba el ritual.

Con sus tres preguntas descubrió que había un no-muerto poderoso fuera de la fortaleza. Y bastante más cerca de lo que creían.

La elfa lideró una expedición, junto a Alleria y Devin, para encontrar a dicho no-muerto, con la esperanza de que se tratara de Sylvanas. No encontraron a nadie.

Regresaron al barco y, mientras debatían sobre su próximo movimiento, una persona apareció en cubierta.

Se trataba de Shandra, la hechicera que les ayudó a rescatar a Alleria y condujo sus pasos hacia Ironforge. Venía con un nuevo consejo.

Cuando le pidieron explicaciones, confesó su verdadera identidad. Ella era Shandra, discípula de Nozdormu el Eterno.

Al escuchar el nombre del dragón de bronce parecieron entender. No la hicieron más preguntas al respecto y escucharon su consejo.

-Si queréis encontrar a Sylvanas derrotad al señor de la fortaleza. Ella aparecerá.

Tras despedirse, nuestros héroes decidieron aceptar su consejo. Trazaron un plan, que los llevaba a crear un túnel subterráneo y entrar por debajo. La única que se quedó en la nave fue Nitori, con su flamante cañón nuevo.

La gnoma los vio desaparecer bajo tierra mientras el barco se elevaba rumbo a la fortaleza.

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Los incursores llegaron hasta una pared. Se prepararon para lo que hubiese ahí detrás. Encontraron una bodega llena de enemigos. Se abrieron paso a través de los cadáveres que se iban amontonando y salieron de la bodega. Guiándose por su instinto, atravesaron los pasillos. Al encontrarse con unas escaleras de subida y de bajada decidieron ascender.

Siguieron atravesando pasillos hasta que fueron emboscados por dos doomguards. El primero cayó ante el primer golpe de Thorgrim. El segundo cayó unos segundos después. Por desgracia, antes de morir consiguió acabar con la vida de Devin Drake.

Ante la pérdida, Earladine trajo un rayo de esperanza. Si conseguían llevarse el cuerpo ella podría intentar devolverle la vida. Por ello, ataron su cuerpo al lomo de Blackwind y continuaron su incursión.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

El barco volador disparaba sus cañones contra la fortaleza con nula oposición. Esperaban que saliera un enjambre de criaturas voladoras, pero lo único que hacían desde la fortaleza era disparar inútilmente sus catapultas.

Pronto descubrirían que sólo hacía falta enviar a una criatura.

Una enorme criatura alada, que en su día había sido un dragón azul, cargó contra el barco esquivando todos los disparos provenientes de su objetivo. En su primera pasada, lanzó su aliento helado contra la quilla. El mithril resistió y el dragón macilento decidió cambiar de estrategia.

Ante el asombro de la tripulación, que ya estaba dándole la vuelta al barco, el gigantesco dragón desapareció ante sus narices.

Reapareció apoyado sobre la cubierta. Comenzó a agarrar tripulantes y a arrojarlos por la cubierta.

Un disparo certero de Nitori atrajo la atención del dragón. Decidió coger a la gnoma y su armadura de combate y se elevó a las alturas. El barco se alejó en cuanto tuvo oportunidad. El dragón sonrió y soltó a Nitori.

Habría muerto de no ser porque el barco regresó para detener su caída. Lo consiguieron al segundo intento, quedando destrozada la cubierta y parte del piso inferior. Fue el mithril lo que detuvo su caída.

Nitori quedó tumbada boca arriba en el fondo del barco, mientras su visión se recomponía escuchó los gritos de la tripulación exigiendo largarse de allí.

A través del agujero vio una silueta azul haciéndose cada vez más grande.
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Re: Warcraft: Las crónicas de Izwik

Mensaje  Stormfist el Sáb Oct 22, 2011 2:39 am

Se que tiene poco que ver con la partida, pero un dia lo comentamos a modo de coña... pero se ha hecho realidad.

Pandarens en la proxima expansión. Y la nueva clase MONJE.

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Re: Warcraft: Las crónicas de Izwik

Mensaje  Txus el Sáb Oct 22, 2011 12:49 pm

"sistema de batalla de mascotas"

espera un momeeeeento...
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Re: Warcraft: Las crónicas de Izwik

Mensaje  Stormfist el Sáb Oct 22, 2011 4:20 pm

Bueeeno... asi que ya es oficial que hay MONJES en Azeroth... Y de hecho, todas las razas excepto Goblins y Worgen podrán ser monjes...

... ¿significaria eso que podríamos hacernos Pandaren monjes para tu partida? Very Happy
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Re: Warcraft: Las crónicas de Izwik

Mensaje  Joss_Rand el Sáb Oct 22, 2011 4:34 pm

¿Un Tauren monje?. Joder...
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Re: Warcraft: Las crónicas de Izwik

Mensaje  Txus el Sáb Oct 22, 2011 6:01 pm

¿Que no puede haber goblins monjes?¡Qué desfachatez!

Y con respecto a las preguntas toca el momento de hacerse el sueco...

Capítulo 18: El fin de la búsqueda

La silueta azul que veía a través de los agujeros con forma de murloc se agrandaba a pasos agigantados. Sin tiempo para pensar, Nitori apuntó su cañón con su armadura de vapor aún en el suelo y disparó. La bala alcanzó de lleno a la cabeza del dragón, pero no fue lo único. Un par de flechas alcanzaron un ojo cada una y con ello el dragón murió definitivamente.

El gigantesco cadáver siguió cayendo amenazando con partir el barco en dos. La tripulación se afanó en esquivar el golpe y el dragón cayó pasando a pocos centímetros de la popa del barco.

La gnoma subió a la cubierta y observó a Alleria con el arco preparado y mirando hacia el cuerpo que yacía en el suelo a cientos de pies de distancia. Parecía definitivamente muerto y, sin ningún peligro inmediato aparente, decidió ayudar en las reparaciones.

------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Los incursores continuaron con su búsqueda a través de los pasillos. No tardaron en encontrar los primeros enemigos.

Un enjambre de arañas los entretuvo un momento, lo justo para que un demonio de la cripta, andando por el techo, se acercara y los enredara en su telaraña. Casi todos se vieron atrapados y a merced del enemigo, salvo Shaula, cuyas flechas seguían siendo tan certeras como de costumbre. El no-muerto intentó lanzarse sobre ella pero lo único que consiguió fue encontrar su final.

Tras deshacerse de las telarañas, su camino les llevó hasta unas puertas dobles. Korgan las desintegró con su martillo. Tras ellas no vieron nada. Earladine disipó la oscuridad y contemplaron el salón principal de la fortaleza. Estaba vacío.

Se adentraron en la sala y escucharon las risas del señor de la fortaleza. Éste se teletransportó delante de sus narices. Su arrogancia fue su final. Su caída fue tan rápida que los más picajosos dirían que no hubo combate.

Sin embargo, a un señor del pozo no se le vence tan fácilmente.

Tras levantarse de nuevo, se teletransportó a otro lugar de la fortaleza. Primero tras una de las paredes de la sala. Korgan abrió un agujero en la pared y se encontraron a un bálor. Duró tan poco como el propio señor del foso.

Viendo cerca su muerte, el demonio se teletransportó de nuevo. Nuestros héroes le buscaron implacablemente, matando a todos los enemigos que se interponían en su camino. Le encontraron varias veces y en todas ellas huyó. Al final, cuando apenas quedaba fortaleza que destruir, el demonio intentó un último ataque. Dejar de huir fue su perdición. Mientras explotaba se dio cuenta de que tenía que haber abierto un umbral y huido hacia el torbellino inferior.

Con el señor muerto, los siervos abandonaron la fortaleza como las ratas un barco que se hunde. Thorgrim, Monara y Shaula decidieron salir para ver cómo le iba al barco. Mientras el enano volaba con el cuerpo del pícaro en la grupa de su grifo, una flecha pasó delante de ellos. Throgrim se giró hacia Shaula, pero no parecía haber sido ella.

Vieron una figura encapuchada, toda de negro y un arco magnífico en su mano. Al descender, Sylvanas se presentó.

-Tengo entendido que me estabais buscando –dijo la reina banshee- y que mi hermana viaja con vosotros. Deseo hablar con ella.

-¿Por qué no te dejaste ver antes? –preguntó el enano.

-Porque tenía que asegurarme de que era ella de verdad. Ahora lo sé. Sólo hay una persona que dispare así en todo el mundo.

Thorgrim accedió a comunicar el mensaje y regresó al barco volador. Allí depositó respetuosamente el cadáver de su compañero en su camarote y tras escuchar lo sucedido con el dragón relató su encuentro con Sylvanas. Alleria accedió impaciente a reunirse con ella.

Una vez en el suelo, las hermanas se fundieron en un efusivo abrazo. Thorgrim y Shaula se apartaron para darles algo de intimidad. Observaron desde las murallas de la fortaleza cómo hablaban brevemente, Sylvanas sacaba un objeto de sus bolsillos y ambas desaparecían.

Earladine y Korgan salieron de la fortaleza tras terminar su registro. Encontraron una gran cantidad de joyas, para las cuáles encontraron rápidamente un uso. Todos regresaron al barco y la sanadora comenzó a preparar de inmediato el ritual para devolver a su amigo al mundo de los vivos.

Aún desconocían el por qué, pero habían seguido el consejo de la guardiana del tiempo. Habían encontrado a Sylvanas y la habían reunido con Alleria.

¿Su desaparición había sido predicha o incluso los guardianes del tiempo cometen errores?

Pronto conocerían la respuesta.
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Re: Warcraft: Las crónicas de Izwik

Mensaje  Txus el Jue Nov 03, 2011 4:19 pm

Capítulo 19: La calma antes de la tormenta

El barco volador puso rumbo de vuelta a Stormwind no sin antes recoger a la gente de Valgarde para ponerlos a salvo. Durante el trayecto, Earladine informó a sus compañeros de que el ritual para resucitar a Devin había sido un éxito, pero aún debía reposar durante un tiempo para recuperar fuerzas.

A medio camino, Thorgrim y su fiel montura Blackwind se separaron del grupo. El enano quería viajar a Ironforge y ver cómo le iba a los suyos.

Cuando el barco aterrizó en Stormwind, Korgan dio a la tripulación un merecido permiso. El descanso también forma parte de la batalla, por eso durante un mes nuestros héroes y la tripulación de la Skybreaker gozaron de un paréntesis en su lucha contra la legión.

Pero nuestros héroes no permanecieron del todo ociosos este tiempo:

Shaula se buscó la vida como exploradora y escolta. Ganó algo de dinero mientras seguía entrenando sus habilidades.

Nitori se dedicó a mejorar su ya brillante armadura de vapor. Sobre lo que hizo con sus pretendientes, mejor no decirlo para evitar una humillación pública.

Earladine se aseguró de que Devin se recuperara satisfactoriamente. Cuando el tratamiento acabó le pidieron que continuara su labor en el templo. Ella aceptó y consiguió tachar varias líneas de su lista.

Monara se dedicó a ayudar a Earladine en su trabajo. Sus métodos no parecían demasiado ortodoxos, pero no había duda de que la Luz Sagrada obraba a través de ella. Pronto rellenó su propia lista.

Devin se recuperó de sus heridas, que no es poco.

Korgan pasó la mayor parte de su tiempo en dos lugares. La taberna y los astilleros. En este último lugar se estaban llevando a cabo las reparaciones de la nave.

Fue precisamente allí donde aconteció el acto más extraño e importante de este mes. Un par de días antes del fin del permiso, un cuervo llegó volando y se posó sobre la cubierta ya reparada de la Skybreaker. Portaba un mensaje, pero ante el asombro de todos no se dejó coger, si no que lo entregó rompiendo la cuerda. Los más cercanos se percataron de que no había picoteado la cuerda, la había mordido.

Sorprendido por la escena, Korgan recogió el papel y lo desenrolló. Leyó lo siguiente.

Tenemos que hablar sobre vuestro plan
de tomar el pozo solar.
Reuníos conmigo en el Trono Helado.
Fdo. Sylvanas

Investigaron si la carta había sido escrita por otra persona, si había sido escrita bajo coacción, si habían usado alguna clase de hechizo sobre el papel o la tinta… Todas las posibilidades de falsificación fueron comprobadas una por una y el resultado fue claro: La carta era auténtica.

El Trono Helado. El símbolo de poder del antiguo Rey Liche Arthas y, según tenían entendido, del nuevo también. ¿Qué significaba aquello?¿Les incitaba a luchar contra su enemigo?¿O acaso había derrocado al Rey Liche?¿Finalmente había logrado el objetivo ansiado durante toda su no-vida?

Tras meditarlo profundamente, decidieron aprovechar la oportunidad de hablar con la esquiva Reina Banshee. Tras terminar los preparativos, partieron hacia Ironforge como habían acordado con Thorgrim.

En Ironforge descubrieron que Throgrim había tenido una audiencia con el rey Magni Barbabronce. Éste ofreció la ayuda de los enanos de Ironforge en el asalto al pozo solar. El asunto del portal demoníaco parecía haberse resuelto, aunque aún seguían patrullando las cuevas por prudencia.

A continuación, Throgrim había viajado hacia el Norte para informarse sobre el estado de la guerra. Stromgarde había sido evacuada por completo. Ahora la Alianza mantenía como podía sus defensas en el paso de Thandol Span. El enano sabía que era un buen sitio para defender el paso de la Legión hacia Khaz Modan, pero guardaba pocas esperanzas para el ejército allí apostado si los demonios lanzaban un ataque serio.

Por último, había ido a hablar con los magos de Dalaran. Allí supo que los demonios no se dirigían al Sur de momento. Preferían acabar con lo poco que quedaba de Lordaeron antes de emprender la conquista del Sur.
También preguntó sobre el oráculo. Le contestaron que estaba siendo estudiado con cautela, pero habían descubierto varias cosas. Tuvieron la misma visión que Earladine sobre la gran batalla por el pozo solar.

Lo más preocupante es que después de aquello, el oráculo no predecía nada en absoluto.

Al terminar de relatar su historia, le entregaron el mensaje de Sylvanas y le comunicaron sus intenciones. Decidieron seguir los pasos de Thorgrim en su camino hacia Northrend.

Cuando hablaron sobre el mensaje en Dalaran, Vereesa les dijo que la letra era sin duda alguna de su hermana y que ella viajaría con ellos. Llevaba largo tiempo queriendo hablar con Sylvanas, y claramente no terminaba de confiar en ella.

Viajaron hasta la zona septentrional del continente helado. Allí un dragón no-muerto les guió hasta una zona de aterrizaje. De allí partieron con una escolta hacia la Ciudadela de la Corona de Hielo. La tripulación permaneció en la nave para custodiarla y protegerla de los elementos.

Llegaron hasta la sala del trono. Un amplio pasillo terminado en unas oportunas escaleras. Al final de ellas, un guerrero y una arquera enormes custodiaban el Trono Helado. Sobre él, un pequeño esqueleto les dio la bienvenida.

Impaciente, Vereesa preguntó qué había hecho con su hermana. El esqueleto pareció sonreír, de verdad.

-Veo que estáis malinterpretando la situación. Ella no es mi prisionera –dijo el Rey Liche Izwik mientras Sylvanas salía de detrás del trono-. Ella es mi reina.
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Re: Warcraft: Las crónicas de Izwik

Mensaje  Txus el Mar Nov 08, 2011 11:08 pm

Capítulo 20: El pacto

Nuestros héroes aún se estaban recuperando de la sorpresa cuando vieron entrar a Alleria. Nadie detectó ningún signo de no-vida en ella. Les pidió que escucharan su propuesta y eso hicieron.

El Rey Liche no guardaba ninguna clase de lealtad hacia la Legión Ardiente y sólo deseaba su propia liberación. Contactó meses atrás con Sylvanas y juntos buscaron una forma de encontrar la libertad para ellos mismos y para los suyos, pero hasta el momento debían mantener la farsa. Fue Alleria y el relato de su viaje con nuestros héroes lo que les dio la idea.

Izwik ofreció el apoyo de los no-muertos en la lucha contra la Legión. Llegado el momento, su ejército atacaría por sorpresa a sus antiguos aliados y daría una oportunidad a las razas civilizadas de tener éxito en su ataque.

Por supuesto, tal ayuda tenía un precio. Éste fue sorprendentemente pequeño. Su única exigencia fue Northrend. Terminada la guerra, los no-muertos tomarían el continente helado y podrían vivir allí en paz en su propio reino sin ninguna clase de persecución por parte de la Alianza o la Horda.

Nuestros héroes accedieron a comunicar la oferta a los líderes de ambas facciones. Sylvanas les acompañó en calidad de embajadora de Northrend para negociar en persona.

De este modo, junto con las tres hermanas Windrunner reunidas después de tanto tiempo, emprendieron la última etapa de los preparativos para la gran batalla.

Llevaron su mensaje al rey Varian Wrynn de Stormwind y al rey Magni Barbabronce de Ironforge. Lo máximo que consiguieron de ambos fue su promesa de meditar la propuesta.

Thrall hijo de Durotar, caudillo de la Horda, fue el siguiente en ser visitado. Se mostró bastante interesado en la idea. Desde que nuestros héroes marcharon de Orgrimmar, se había hecho demasiadas preguntas sobre la profecía del Oráculo de Norgannon y parecía haberlas encontrado. A pesar de todo, la respuesta final fue idéntica a las anteriores.

Antes de seguir su camino y aprovechando su paso por Orgrimmar, decidieron visitar a los elfos nocturnos. Allí Earladine, tras haber sido conducida a través del bosque con los ojos vendados, parlamentó con Tyrande Whisperwind, suma sacerdotisa de la diosa Elune y líder de los elfos nocturnos, para conseguir su ayuda.

Tyrande le habló de la amenaza de la Pesadilla Esmeralda y aseveró que los suyos no podían ayudar contra la Legión porque eran los únicos que se ocupaban de esta amenaza. Finalmente fue Earladine quien ofreció su ayuda cuando su misión actual hubiese concluido.

Decidieron entonces hablar con el Príncipe del Comercio Gallywix en la isla de Kezan. No valía la pena apelar a la valentía ni a la lealtad del goblin, de modo que atacaron donde más le dolía: Su cartera. Tras conseguir de Sylvanas un pacto de exclusividad con el Azote ofreció sus máquinas de guerra para el asalto.

Finalmente visitaron a Jaina Proudmoore y tras escuchar la historia les informó de que tanto la Alianza como la Horda aceptaban el trato. Posteriormente, les invitó a todos ellos a tomar parte en la reunión de líderes en Stormwind.

En la reunión se hizo recuento de efectivos y se debatió el plan de ataque. Durante días se crearon mapas, se dibujaron rutas y se sopesaron opciones. El mayor ejército de la historia iba a desembarcar en aquella isla, iban a contar con efectivos por tierra, mar y aire, incluso tenían ayuda desde el interior y aún así calcularon cada detalle para que nada pudiera salir mal. Todos tenían la suficiente experiencia como para saber que siempre salía algo mal.

Pero antes se ocuparon del detalle más importante. Los líderes de la Alianza y la Horda firmaron junto a Sylvanas el tratado que permitía al Rey Liche y su Reina Banshee crear su propio reino en Northrend si cooperaban en la guerra actual. Las condiciones eran claras: Cualquier intento de aumentar su número o de crear una nueva plaga significaría el fin del acuerdo y la guerra inmediata. Especial mención hizo Rhonin, archimago de Dalaran, en la preservación del cementerio de dragones. Por su parte, Alianza y Horda permitirían a cualquier no-muerto superviviente viajar hasta Northrend sin ser atacados y una vez allí se convertirían en súbditos del Rey Liche. Sylvanas consiguió un compromiso sobre la Cruzada Escarlata, si mantenían su fanatismo y atacaban a los no-muertos se convertirían en una orden fuera de la ley.

Los planes habían sido trazados y los preparativos se completaron. La Skybreaker partió de Stormwind con la valiente tripulación al completo. Juraron sobre el alma de Mimin que llevarían la nave hasta el mismo infierno… y hacia allí se dirigieron.
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Re: Warcraft: Las crónicas de Izwik

Mensaje  Txus el Jue Nov 24, 2011 4:04 pm

Capítulo 21: El fin de la oscuridad

Las armadas conjuntas de la Alianza y la Horda llegaron a las cercanías de la isla al amanecer. Entre la niebla matutina comenzaron la falsa batalla contra las fuerzas navales del Azote.

Nuestros héroes llegaron en la Skybreaker portando un cargamento de soldados fuertemente armados. Sobrevolaron los barcos tomando parte en la pantomima. Poco a poco fueron avanzando hasta que los atacantes tomaron la costa. Antes de tomar tierra, los no-muertos revelaron sus cartas y atacaron a la Legión Ardiente.

La Skybreaker dejó a los soldados en tierra y retomó el vuelo en dirección al centro de la isla. Durante la operación, Thorgrim y su batallón de jinetes de grifo exploraron y atacaron las defensas demoníacas. Tras ello se adelantaron y acompañaron al barco volador. Bajo ellos, un batallón de no-muertos dirigido por el propio Rey Liche también se dirigía al mismo lugar.

En el centro de la isla la niebla era especialmente espesa. Nuestros héroes se disponían a entrar en ella cuando un hechizo desintegró la mitad del barco volador.

La tripulación consiguió realizar un aterrizaje de emergencia. Los no-muertos más cercanos se afanaron para sacar a los supervivientes del cascarón roto en que se había convertido la gran nave de guerra.

Los más cautos se prepararon para enfrentarse contra lo que había lanzado semejante conjuro.

De entre la niebla, haciendo temblar el suelo con sus pasos, apareció Kil’Jaeden, líder y señor absoluto de la Legión Ardiente. Sus palabras fueron dirigidas hacia Izwik.

-Así que me traicionas igual que tu predecesor. Pero esta vez he mantenido siempre varios ojos sobre ti.

Los lugartenientes de Izwik se adelantaron y se unieron al demonio.

-Nuestro pacto no fue contigo –dijo el caballero de la muerte.

Landoroth, el señor del pozo que liberó el poder demoníaco de Izwik y aquel cuya sangre corría por el cuerpo de Eesha Vientodelsol y Mor’Ladim, atravesó la niebla. En su cabeza portaba un casco idéntico al del Rey Liche.

-Nunca fuiste de fiar. Por eso hemos tomado medidas.

Izwik cayó de rodillas. Su voluntad fue domada por una fuerza externa a él. Su poder fluía y el Yelmo de Dominación dio una orden clara. Los no-muertos atacaron a las fuerzas aliadas.

-Ahora regresa –ordenó Kil’Jaeden a Landoroth-. Encárgate de proteger el pozo.

Landoroth obedeció y desapareció entre la niebla. Nuestros héroes comenzaron a batallar. Ahora tenían delante al Kil’Jaeden y los lugartenientes de Izwik y las fuerzas del Azote eran enemigas.

Entre la confusión de la batalla, Nitori regresó al pecio. Allí recuperó las bombas que ella misma había creado para la batalla. Dos de ellas fueron desintegradas por el hechizo, pero aún quedaban dos intactas.

En este momento decidió actuar el único bando que aún no había aparecido. Docenas de miembros de la Alianza, la Horda y el Azote se transformaron en grandes dragones que atacaron por sorpresa a las fuerzas de la Legión. Junto a nuestros héroes se manifestaron los Cuatro Aspectos de los dragones. El propio Nozdormu se dirigió hacia ellos.

-Id hacia el pozo. Acabad con su guardián.

Nuestros héroes abandonaron la batalla en manos de los dragones y las fuerzas aliadas que llegaban al lugar.

Atravesaron la niebla volando. Korgan y Earladine con sus capas de vuelo. Nitori empleando la última mejora añadida a su armadura de vapor. Blackwind portaba a Thorgrim, Monara, Devin y Shaula.

Cuando Landoroth les vio llegar extendió sus alas y alzó el vuelo.

El combate aéreo fue duro y encarnizado. Los enanos atacaron con sus martillos. Las sanadoras lanzaron sus hechizos de curación y protección. Volaron las flechas de Shaula. Devin saltó y se aferró a la espalda de Landaroth, donde comenzó a apuñalarle en puntos vitales.

El señor del pozo murió y se recuperó al instante. En ese momento lanzó una blasfemia que debilitó a nuestros héroes y expulsó del lugar a varios de ellos.

Nitori decidió entonces lanzar las bombas sobre el pozo. Al verlas caer, Landoroth comenzó a reír.

-Destruid el casco.

Todos nuestros héroes escucharon la orden dentro de sus cabezas. Cargaron de nuevo contra Landoroth, destruyeron el casco y después aniquilaron al demonio de una vez por todas.

Las bombas siguieron su curso descendente. Antes de llegar al pozo, aparecieron los dragones y capturaron las bombas al vuelo. En sus lomos portaban a nuestros héroes expulsados al otro lado de la niebla y al Rey Liche, ya liberado del influjo del casco de Landoroth.

Izwik explicó que lanzar las bombas había sido una mala idea. Aquel lugar ya pertenecía al Torbellino Inferior. El Pozo Solar parecía hacer las funciones de puerta. De haber provocado una explosión, probablemente el resultado habría sido el mismo que en Draenor.

Los cuatro dragones se ofrecieron a apagar el pozo. Pidieron a todos los presentes que salieran de la niebla. Izwik sintió el impulso de replicar, pero al verse rodeado por los Cuatro Aspectos en persona decidió cerrar el pico.

A Shaula tuvieron que llevársela a rastras.

En el exterior la guerra se había decidido. El Azote volvió a ser aliado en cuanto fue destruido el segundo Yelmo de Dominación y los dragones habían expulsado a Kil’Jaeden a su plano natal, aunque seguía vivo.

La niebla desapareció y nada quedaba allí. Ni el Pozo Solar ni los dragones.

En el cielo el Sol volvió a irradiar el mundo con su luz.



Epílogo 1: La última amenaza.

La victoria había sido completa, pero aún quedaban por limpiar los últimos restos de la Legión Ardiente sobre Azeroth. Nuestros héroes trabajaron duro para eliminar a todo demonio que siguiera andando por Lordaeron.

Todos nuestros héroes habían sobrevivido a la guerra, al igual que la tripulación de la destruida Skybreaker. Éstos regresaron a Stormwind, donde comenzaron a crear una nueva nave siguiendo los diseños de Mimin Boltwrench.

Las montañas de Hinterlands, hogar natal de Throgrim y Blackwind, regresaron a su ubicación inicial. Poco a poco sus habitantes fueron regresando a su hogar y recuperaron su vida anterior. Pronto descubrieron que las montañas no habían vuelto solas. A los monstruos habituales de esas montañas se les unió algunos provenientes del Torbellino Inferior.

Entre los aliados reinaba la euforia por la victoria y el calor del Sol. Sólo la ensombrecía la desaparición de los Cuatro Aspectos. Nadie sabía dar una explicación. Algunos decían que se habían retirado a su hogar, recluidos como siempre habían estado. Otros que se habían sacrificado para destruir el Pozo Solar. Ni siquiera los propios dragones sabían qué había sido de sus padres.

Cuando nuestros héroes vieron que su ayuda ya no era necesaria emprendieron viaje al bosque de Ashenvale para cumplir su promesa de ayudar en la lucha de los elfos nocturnos contra la Pesadilla Esmeralda. Allí recibieron malas noticias.

Desde el fin del eclipse la velocidad de expansión de la Pesadilla Esmeralda había aumentado exponencialmente.



Epílogo 2: Un pozo olvidado

En una isla al Norte de Quel’Thalas. Izwik contemplaba los restos de un antiguo Pozo Solar.

De sus bolsillos sacó una gema imponente, una pequeña bellota y una jarra llena de agua. Las depositó en el suelo ceremonialmente.

Sin girarse le dijo a su acompañante:

-Si funcionó una vez puede funcionar otra.

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Y aquí se acaba el tercer tomo de "Las Crónicas de Izwik". tongue
Espero que os haya gustado.
Ya os avisaré cuando quiera hacer la cuarta y última campaña. Lo cual me recuerda... ¿De dónde habéis sacado que podéis usar los personajes de ésta?
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Re: Warcraft: Las crónicas de Izwik

Mensaje  Joss_Rand el Jue Nov 24, 2011 4:14 pm

Ha estado de puta madre. Y no, no pienso volver a llevar a Shaula; llevo ya tiempo pensando en ése druida elfo nocturno, aunque si alguien prefiriera llevar un druida, no tenía ningún problema en llevar una centinela elfa nocturna (para reconocimiento, etc.).

(PD: faltan los títulos de crédito).
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Re: Warcraft: Las crónicas de Izwik

Mensaje  Guillermon el Jue Dic 01, 2011 4:07 pm

Ha molado, si ^^
Y de nuevo has hecho un trabajo excelente con la crónica, Master Very Happy

Por mi parte dire que llegue a esa erronea conclusión por comentarios de este estilo Smile
[quoteCuando nuestros héroes vieron que su ayuda ya no era necesaria emprendieron viaje al bosque de Ashenvale para cumplir su promesa de ayudar en la lucha de los elfos nocturnos contra la Pesadilla Esmeralda.][/quote]

Ahora bien, que por mí mas que encantado de hacerme un nuevo personaje (al fin y al cabo Blackwind ya no se podía hacer más bestia XD). Tengo varias ideas, pero como siempre dependen de las tiradas que saque y de lo que se haga el resto de jugadores (sobre todo de si tenemos conjurador arcano y divino en el grupo XD) pero por ahora lo que más me llama es hacerme al Pistolero Pandaren ^^
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Re: Warcraft: Las crónicas de Izwik

Mensaje  Txus el Jue Mar 21, 2013 2:27 pm

Por fin me decidí a comenzar la última de las campañas de mi partida de Warcraft. Esta vez toca el bando de los elfos nocturnos y pienso escribir aquí también la crónica, así que cuidado con vuestras cagadas porque todo el mundo se va a enterar.

Para el prólogo voy a añadir la historia que me envió Miguel, que me viene bastante bien.

Acto IV*

Prólogo

Cerró los ojos, y fue como si estuviera de nuevo allí: las altas torres, la recargada decoración, los suntuosos palacios... recordaba perfectamente cómo era la ciudad de Zin-Azshari, capital de los altonatos, joya del mundo antiguo, y trono de poder de la Reina Azshara. Sin embargo, también recordó el fatídico día en que la arrogancia de sus maestros casi acaba con el mundo. Recordaba perfectamente a los valientes soldados de brillante armadura, a los orgullosos magos, pero también recordaba el terror y la desesperación que acompañaron a la llegada de la Legión... como si tan solo hubiesen pasado unos meses desde los largos años de guerra, devastación y pesadumbre, cómo los soldados morían espada en mano, como los conjuros de los magos se volvían contra ellos. Pero sobre todo, recordaba el día en que la guerra terminó, en que la fuente de toda vida, de todo poder, se quebró y conmocionó a toda Kalimdor, dividiéndola en dos, reduciendo a la nada la orgullosa capital y todos los asentamientos que rodeaban al Pozo Eterno.

Lo recordaba todo, nítido y vivo, pero habían pasado 10.000 años desde la Gran Guerra de los Ancestros.

Por aquel entonces, Mordent Evenshade no era más que el pupilo de uno de los magísteres de la capital. Joven, audaz, confiado. De ninguna manera pudo prever hasta donde le llevaría la arrogancia de sus maestros, ni pudo hacer nada una vez se desató el caos. Pero sin embargo, allí seguía después de diez mil años. Apartado de sus hermanos de sangre que lo rechazaban, juró que buscaría una forma de poner aquel poder que a punto estuvo de destruir el mundo al servicio del mundo, para educarlo, protegerlo, salvarlo.

Después de vagar durante incontables años junto con los pocos supervivientes de su estirpe, los Shen'dralar, se establecieron en las ruinas de la antigua ciudad de Eldre'Thalas, que se encontraba en la región ahora conocida como Feralas. Allí, continuó con su estudio de la magia, viajando incluso hasta las yermas tierras de Coldarra para estudiar con los hijos de Malygos, los dragones azules. El tiempo pasó, y a pesar de los inevitables conflictos internos entre las diferentes razas de Azeroth, el mundo parecía estar tranquilo, y a salvo.

Al menos, hasta el día en que la Pesadilla fue liberada.

Todo comenzó súbitamente. Desde el norte, la naturaleza parecía haberse vuelto loca. Crecía de forma salvaje y retorcida, y transformaba en horrores a la fauna local. Como maestros de la magia arcana que eran, consiguieron mantener a raya el avance de la Pesadilla, al menos en los alrededores de la ciudad, mientras trataban de investigar su origen. Sin embargo, todo se torció cuando la Legión retornó a Azeroth, y se hizo con el control del Pozo Solar. La corrupción del Pozo, junto con la fusión de los planos, les debilitó hasta el punto en que comenzaron a perder zonas de la ciudad a la Pesadilla, y muchos de ellos murieron en los conflictos. Viendo que de continuar así el curso de los acontecimientos sucumbirían, Mordent tomó una decisión: viajaría a Teldrassil, y le pediría ayuda a los Elfos de la Noche.

Cuando llegó a Teldrassil, el ambiente era tan hostil como había esperado. Los largos milenios desde la Guerra de los Ancestros no habían conseguido aplacar el rencor de sus primos. Al llegar a las puertas del Templo de Elune, su paso fue bloqueado por una Centinela, que se presentó como Capitana Stillbough:

- Centinela, he de hablar con vuestra Suma Sacerdotisa.

- Debes esperar a que se te conceda audiencia.

- ¿Debo? Dudo mucho que Tyrande tenga asuntos más apremiantes.

- Tienes agallas por haber venido a Teldrassil, Altonato. Los tuyos no son bienvenidos aquí. No hemos olvidado la Guerra de los Ancestros ni las mentes detrás de ella.

- La tentación del poder es grande. Se cometieron muchos errores.

- Y no queremos que se repitan los mismos errores. Vuelve a tu exilio.

- No volveré hasta que se me escuche. Hay demasiado en juego. Hay un cambio en el viento, y no podemos ignorarlo. He viajado desde el polvo y la ruina del pasado para llegar a un acuerdo. Pronto llegará el tiempo en que los Kaldorei necesitarán de la habilidad y conocimientos que tenemos para ofrecer. Esperaré, Centinela... pero tendré mi audiencia.

Entonces Mordent se fijó en el pozo lunar que había en el centro de la sala. No pudo reprimir un suspiro al evocar viejos recuerdos. Al verlo, la centinela le dijo:

- Aparta tu mirada del pozo, exiliado. El poder que contiene no es para tu uso.

- Cálmate, centinela. No busco usarlo. Simplemente estoy... recordando.

- ¿Recordando tu traición?

- Basta. Me he mantenido apartado de todo esto durante siglos. El pozo de este templo puede ser tan solo un pálido espectro del Pozo de la Eternidad, pero aún posee la misma... belleza. Pureza. Lo había olvidado. No creo que la admiración y los pensamientos anhelantes vayan en contra de la norma social.

- Vigila tu lenguaje, altonato.

- Eres tú la que me ha desafiado simplemente por mirar. Yo sigo esperando mi audiencia con Tyrande...

Mordent Evenshade estaba acostumbrada a esperar. Para una raza que ha vivido durante miles de años, unas pocas horas son un suspiro.

El altonato jamás había conocido en persona a Tyrande Whisperwind, sólo podía confiar en que todo aquello que había escuchado sobre ella fuera cierto. A fin de cuentas, no tuvo reparo en aliarse con orcos, humanos y demás chusma, ¿por qué no iba a atenderlo a él?

Tyrande lo escuchó pacientemente. No le creyó de inmediato, pero era lo suficientemente inteligente como para saber que sólo algo realmente importante habría llevado a un altonato a su presencia. Más aún si era para pedir ayuda.

Los elfos nocturnos enviaron exploradores a las junglas del Sur. Malfurion decidió investigar en persona. Tras confirmar las noticias traídas por Mordent tomaron una decisión. Alianza y Horda tenían un plan contra la Legión pero nadie parecía hacer caso a la Pesadilla. Debían ser ellos mismos los que se ocuparan del asunto.


Han pasado seis meses desde que los héroes de la Alianza derrotaran a las fuerzas de la Legión Ardiente y acabaran con el hechizo que hizo ocultarse al Sol. Ahora la Pesadilla se alimentaba de ese mismo Sol para propagarse.

La Horda se enfrentaba a ella como podía. Su tenacidad era encomiable, pero ninguna raza conseguía más que frenar ligeramente su avance.

Los elfos nocturnos seguían sin averiguar cómo enfrentarse a este enemigo. Ni siquiera estaba claro su origen y, para colmo de males, Malfurion no había regresado. Antes de enfrentarse a la Pesadilla abiertamente debían obtener más respuestas. Antes de que la Pesadilla alcanzara el Árbol del Mundo.

Mordent permaneció entre los elfos nocturnos con otro pesar añadido. Tras la expulsión de la Legión sus poderes habían menguado. Una vez cortado el vínculo con el Torbellino Inferior la magia había empezado a desvanecerse. Había visto a muchos magos perder sus poderes tras la desaparición del Pozo Solar. Sólo la idea de que pudiera pasarle lo mismo a él lo hacía temblar.



* No le pongo título para no hacer spoilers Razz
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Re: Warcraft: Las crónicas de Izwik

Mensaje  Txus el Lun Mar 25, 2013 6:21 pm

Capítulo 1: Felwood

La Pesadilla Esmeralda era el mayor problema para las razas libres de Azeroth, pero los elfos nocturnos tampoco querían dejar escapar la oportunidad de destruir los restos de la Legión Ardiente que aún permanecían en el Norte de Kalimdor, así como su rastro de corrupción.

Nuestros héroes llegaron a la linde del bosque de Felwood y allí los muchachos de Colmillo Espino Oscuro, rey de los jabaspines, montaron un campamento.

La primera aproximación fue aérea. Recibieron algunos golpes, pero descubrieron una zona de mayor concentración mágica.

Guiados por Yimhi Vahmorí, explorador de inmensa experiencia, sortearon sigilosamente a los ancianos corruptos y se adentraron en el bosque. Allí encontraron la primera patrulla demoníaca. Harley Davidson se ofreció a hacer de cebo. Los demonios la persiguieron incapaces de seguir su ritmo.

Se adentraron aún más. Lyan’R Muérdago Retorcido decidió abandonar la guía de Yimhi y seguir su propio camino. Se arrepintió en cuanto el árbol en el que se había apoyado comenzó a moverse. Al amparo de la noche, Lyan’R desapareció de la vista del anciano y se escabulló en cuanto vio la oportunidad. Decidió sabiamente volver con el grupo.

Siguieron adelante hasta dar con una segunda patrulla. Con los ancianos corruptos alejados decidieron combatir y no tardaron en acabar con la primera oleada. No eran precisamente los demonios más poderosos con los que se habían encontrado. Parecían ciertos los rumores de que la presencia demoníaca estaba desapareciendo.

Harley regresó sin mencionar al grupo el ligero contratiempo que tuvo con una piedra de aproximadamente dos veces y tres cuartos su tamaño lanzada por un anciano.

El grupo llegó hasta el centro del problema. Un portal hacía el Torbellino Inferior seguía conectando ambos planos a través del cual seguían cruzando algunos demonios, pero no parecía haber nadie guiándolos.

Antes de cerrar el portal, Mordent les explicó sus temores acerca del cierre de portales y la desaparición de la magia arcana. Como nadie vio ningún problema en ello, salvo un druida bastante sugestionable, finalmente cerró el portal. No tenía la capacidad para sellarlo definitivamente él sólo, pero más adelante regresaría con ayuda de los elfos nocturnos para conseguirlo.

Con el deber cumplido, regresaron al campamento matando cuanto demonio se encontraron en su camino y esquivando a los ancianos. Una vez allí, los jabaspines informaron a Colmillo de un extraño acontecimiento ocurrido durante su ausencia.

-Hemos encontrado a un… ser por los alrededores.

-¿Cómo era ese ser?

-Como él –informó el jabaspín señalando a Kumaichi, el pandaren del grupo-. No le hemos puesto en el espetón por consideración a su compañero. Estaba bastante herido cuando le encontramos. Le hemos traído y curado. Ahora está descansando en esa tienda de ahí.

-Bien hecho, vamos a verle –contestó Colmillo.

Colmillo y Kumaichi entraron en la tienda y vieron al pandaren inconsciente. Kumaichi sólo había visto a dos miembros de su raza hasta ahora, su padre y su madre. No era ninguno de ellos.
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Re: Warcraft: Las crónicas de Izwik

Mensaje  Txus el Jue Abr 25, 2013 6:14 pm

Capítulo 2: Pandaria

La hembra pandaren había sido herida de gravedad, pero los cuidados de los jabaspines la habían salvado. Cuando recuperó la consciencia les contó su historia.

Kali provenía de un continente desconocido al que sus habitantes habían llamado Pandaria. Su vida pacífica terminó el día en que el Sol se oscureció. Aquello era claramente un signo de mal augurio, pero el tiempo pasó, el Sol volvió a iluminarse y nada ocurrió. Hasta varios meses después.

Surgiendo desde el mar, la naturaleza desató su furia sobre los pandaren. Pero no era la naturaleza a la que tanto respetaban. Los animales y las plantas estaban mutados y furiosos. Los primeros ataques fueron repelidos. Los siguientes, en mayor número y con mejores adaptaciones, hicieron huir a los pandaren. La Pesadilla Esmeralda se hizo con el control de la costa noroccidental y a partir de ahí comenzó a extenderse y conquistar.

Los pandaren decidieron entonces enviar a sus mejores exploradores fuera del continente en busca de respuestas. Kali se dirigió en barco hacia el Norte. Llegado a un gigantesco torbellino sobrenatural se desviaron hacia el Oeste y allí les atacó una criatura marina destruyendo su barco.

Se despertó en una playa sola y aturdida. Al adentrarse en aquella tierra desconocida encontró una ciudad en ruinas. La atravesó sin encontrar la respuesta que buscaba. La dejó atrás y se internó en un bosque oscuro y (como supo más adelante) corrupta por la Legión Ardiente. Allí la atacaron.

Consiguió salir de allí viva, mas sus heridas acabaron pudiendo con su tenacidad. Cómo había llegado hasta la tienda era un misterio para ella.

Nuestros héroes decidieron sanar sus heridas y llevarla hasta Teldrassil, donde contarían su historia a Tyrande, junto con el informe de la misión. Durante el viaje explicaron la situación a Kali lo mejor que pudieron.

Tyrande escuchó atentamente al grupo y al día siguiente, con Kali recuperada por completo, habló con la pandaren a solas. Decidió que valía la pena ayudar y explorar aquella tierra desconocida y por ello envió a nuestros héroes a Pandaria.

Para viajar a Pandaria Mordent podía teleportar al grupo, pero se topó con dos problemas.

El primero era encontrar la localización de Pandaria. Para ello Kali le entregó un colgante que su madre le había entregado antes de partir. Lanzó un hechizo y supo adónde tenían que ir.

El segundo problema era Harley. Al ser inmune a la magia no podía ser teletransportada. Tras mucho meditarlo y discutirlo, finalmente llegaron a la conclusión de que lo mejor era que Mordent viajara al Torbellino Inferior y desde allí abriera dos umbrales creando un pasillo físico entre Teldrassil, el Torbellino y Pandaria.

Antes de llevarlo a cabo, decidieron que antes de presentarse con un ejército era mejor viajar allí y explicarle la situación a la gente del lugar.

Mordent y Kali se teleportaron hasta Pandaria. Aparecieron junto a la madre de Kali y ambas se fundieron en un abrazo de oso. Fueron a ver al alcalde y explicaron la situación. No sólo no tuvieron ningún problema, si no que fueron recibidos como los héroes que habían ido a buscar.

Mordent viajó hasta el Torbellino Inferior y allí lanzó dos umbrales simultáneos. Nuestros héroes los cruzaron rápidamente y cerraron los portales sin haber sido vistos. O eso creían ellos. Elsydeon Altorroble, druida del grupo, sonrió al recordar la contestación recibida al lanzar el hechizo de Augurio para saber cómo llegarían a Pandaria. Por vuestro propio pie.

Los pandaren habían preparado un festejo en su honor durante el cual fueron informados de las últimas noticias. La Pesadilla había terminado de tomar la costa septentrional y se dirigía hacia el Sur con un ejército cada vez más grande y variopinto. Estaban preparando defensas en varios puntos, pero tenían pocas esperanzas de resistir, hasta que llegaron los héroes de tierras lejanas.

Se prepararon y viajaron hacia el Norte. Mordent y Elsydeon transformados en dragón y Harley “Soymipropiamontura” Davidson llevando a Kali se adelantaron a los demás. Allí supieron de los movimientos del ejército enemigo y el lugar donde más ayuda necesitaban. Llegaron con el tiempo justo para preparar un poco mejor el terreno para la batalla.

A nuestros héroes les había extrañado que muchos pandaren no llevaban armas. Durante el combate descubrieron la sorprendente manera en que luchaban estos guerreros. Con sus garras desnudas, moviéndose en un flujo continuo de agilidad y potencia. También vieron varios ejemplos de usos agresivos de la fuerte bebida pandaren.

Entre todos consiguieron repeler a la Pesadilla. Estaba claro que sólo era la primera oleada. Retrocedieron al ponerse el Sol, al amanecer llegaría la segunda oleada.


Habéis desbloqueado la clase Monje Pandaren. ¡¡Enhorabuena!!
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